martes, 15 de noviembre de 2011

¿Qué áreas naturales protegidas hay en Puebla?

En Puebla como en muchos de los Estados de nuestra república existen áreas que se encuentran bajo un tipo de protección, ya sea a nivel federal como estatal, estos espacios representan superficies con un alto grado de valor ecológico, ambiental y cultural, ofreciendo a la población un sin número de servicios ambientales además de proveer de una gran belleza escénica para los habitantes y los visitantes de Puebla.

Comenzaremos con una breve descripción de las Áreas Naturales Protegidas de carácter federal que se encuentran en nuestro territorio y que compartimos con otros estados vecinos:

Reserva de la Biósfera Tehuacán Cuilcatlán

Espacio enigmático donde converge una riqueza biológica, geológica, cultural e histórica; es la Reserva de la Biosfera Tehuacán – Cuicatlán, siendo ésta, una de las joyas naturales de nuestro país, el cual se debe conocer, valorar y conservar.
Enclavada en los estados de Puebla y Oaxaca; su ubicación geográfica ha favorecido su riqueza florística, donde muchas de sus especies no existen en ningún otro lugar del planeta, los cuales se puede apreciar en todo su esplendor a lo largo del año. 

Sus valles separados por numerosas serranías, se visten de diversos colores, donde se encuentran matices que van desde verde limón a verde bandera durante la época de lluvia, que en el estiaje cambian a tonos multicolores dado por la pérdida de follaje y la floración de muchas especies de la selva seca, mientras que en el semidesierto predominan los colores ocres y marrones del suelo y la roca madre. 

Los pueblos indígenas que en ella habitan, hacen aun más interesante este sitio, quienes han encontrado y adaptado sus maneras de convivir con la tierra, las plantas y los animales, produciendo una tradición cultural milenaria y respetada por los actuales habitantes de la zona.

Hoy la Reserva de la Biosfera Tehuacán – Cuicatlán es un punto de referencia  para turistas, investigadores y todo aquel interesado en conocer un espacio donde la conservación y la generación de oportunidades para su gente  han logrado convivir armónicamente.

Parque Nacional Izta-Popo

El primer antecedente de protección ecológica de esta región se da en 1933 al declararse como zona protectora forestal a los terrenos situados en las vertientes y planicies que forman parte de la Gran Cuenca de México.

Posteriormente y de manera más directa, el 8 de noviembre de 1935 el presidente Lázaro Cárdenas declara como primer parque nacional de su administración (tercero en el país), a la Iztaccíhuatl y al Popocatépetl. Se considera para ello que esas montañas “son, sin duda, las más portentosas y significativas por sus perfiles y situación inmediata una de la otra, en el centro principal más poblado de la república, donde importa a todo trance proteger el suelo contra la degradación, manteniendo o restaurando sus bosques en perfecto estado para la garantía del buen clima de las ciudades vecinas.” La iniciativa tenía como fin la protección de las cuencas altas hidrográficas relacionadas con los valles de México, Puebla, Tlaxcala y Morelos; la conservación de los suelos, la vegetación forestal, así como la flora y la fauna “comarcanas”.

Poco tiempo después, haciendo estudios para delimitar el área del parque, se confirmó que los terrenos forestales de las haciendas de Zoquiapan, Ixtlahuacan y Río Frío habían quedado comprendidos dentro de él, por lo que debían pasar al Departamento Forestal de Caza y Pesca, encargado de la administración del parque nacional. Esto se hace mediante un decreto presidencial el 13 de marzo de 1937.

En la década de los cuarenta México inicia un período de rápido crecimiento demográfico, urbano e industrial que trae consigo un declive de la conservación. Los recursos naturales ya no sólo se ven como materia prima para abastecer a la industria sino que empiezan a ser industrializados; la segunda guerra mundial favoreció esta visión. 

Parque Nacional Pico de Orizaba 
El Pico de Orizaba, o Citlaltépetl, es la cima más alta de México y el volcán más alto de Norteamérica. Su forma cónica de pendientes pronunciadas, además de sus hielos perpetuos, resalta su singular altura.

Esta gigantesca masa de origen ígneo funciona como barrera natural ante los meteoros del Golfo de México, a la vez que da origen a diversas cuencas hidrológicas importantes de los estados de Puebla y Veracruz. Por su amplio gradiente altitudinal, en relativamente poca superficie, y su latitud tropical, suceden una variedad de climas y microclimas, dando cabida a diversas asociaciones vegetales que van desde la selva baja perenne, pasando por bosque de transición, de pino-encino, bosque mesófilo de montaña y bosque de pino, hasta la estepa y la tundra.
Hoy en día habitan cerca de 100 mil personas en las laderas medias y bajas del volcán, de las cuales más de la mitad viven en condiciones de pobreza. La mayoría de las comunidades en la montaña centran su economía en la agricultura de temporal, en la ganadería extensiva y en el aprovechamiento forestal.
Originalmente ricas en flora y fauna, mayormente bosque de coníferas, las parcelas ahora despojadas de cobertura forestal son mantenidas por los productores en un esquema de potrero o de agricultura de temporal. Por la fuerte inclinación de las laderas, esto implica arduas labores de mantenimiento, siembra y cosecha, así como el pastoreo y manejo ganadero. Estas actividades están asentadas en terrenos que han sido constantemente deforestados durante los últimos 100 años.
 Parque Nacional la Malinche

Este lugar fue declarado Parque Nacional el 6 de octubre de 1938, con un área protegida de 45,711 hectáreas.
Rodeado de vegetación boscosa, un camino te conducirá hasta el primer albergue en las faldas de este extinto volcán, llamado por los indígenas prehispánicos Matlalcuéye "la de enaguas azules"; también es posible llegar a este escenario natural por otros caminos de terracería que ascienden desde algunas pequeñas poblaciones a las faldas del volcán.
La mayor parte de esta superficie  está cubierta por bosques de coníferas donde abundan pinos, encinos y zacatonales alpinos; aquí habitan más de 100 especies de mamíferos, aves y reptiles, de las cuales 16 son endémicas del Eje Neovolcánico, como el raro teporingo.
En cuanto a la flora, hay 6 especies de pinos y 120 de plantas con flores que adornan los senderos. Entre sus atractivos está la cima, la barranca de San Juan y el antiguo cráter que muestra huellas del periodo glaciar.
Es un sitio perfecto para la observación de flora y fauna, pues se pueden apreciar con facilidad ardillas, venados, zorrillos, coyotes, tejones, serpientes, etc.
Este sitio cuenta con áreas especiales para hacer caminatas y bicicleta de montaña, así como carreras a campo traviesa y campismo. Sobre las faldas del volcán encontrará además paredes y rocas en las que podrá practicar el rappel y la escalada.

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